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Breve Biografía y selección de poemas de Julia
de Burgos;

Julia de Burgos (1914 – 1953) Poetisa, dramaturga y educadora puertorriqueña. Nació en el Barrio Santa Cruz,
en Carolina, Puerto Rico. Falleció en Nueva York, Estados Unidos. Su obra puede ser caracterizada por una capacidad enorme
de proyectar la feminidad de su tiempo. Pero también por la problemática personal, tanto de su vida ajetreada y, a veces,
hasta turbulenta, como de la intuición de su inminente su muerte.
Su familia era numerosa y pobre, pero sus padres se preocuparon por la educación de sus hijos. En el Barrio Santa
Cruz, asistió Julia a la escuela primaria. Desde niña mostró una gran inteligencia. En ciudad Carolina lleva a cabo sus estudios
secundarios. Terminada la secundaria, ingresó en la Universidad de Puerto Rico, recinto Río Piedras. Sin embargo, no terminó
sus estudios superiores, aunque, antes de dejarlos, obtuvo el Certificado de Maestra.
Desde su inicio en el magisterio se dedicó a la creación poética. Uno de sus primeros poemas fue el famoso "Río Grande
de Loíza". Por ese tiempo, se puso en contacto con algunos de los poetas puertorriqueños modernistas, como Luis Lloréns Torres
y los vanguardistas Luis Pelés Matos y Evaristo Rivera Chebremont. En su poesía se refleja su problemática vital en todos
sus aspectos: el feminismo, una vida ajetreada y el amor bajo sus múltiples vertientes, a veces con una sencillez atractiva,
pero lo más común bajo la nota de un amor altamente sensual, erótico y desgarrador. Recuerda, servatis servandis, la
poesía amorosa y torturada tanto de la uruguaya Delmira Agustini como de la argentina Alfonsina Storni, en particular por
su fuerza expresiva.
En 1940, Julia Brugos viajó a Nueva York. En esta temporada fue muy activa, tanto en recitales de su propia poesía,
como en discursos pronunciados en diversos centros culturales, casi siempre invitada por puertorriqueños radicados en esta
metrópoli.
Abandona Estados Unidos para pasar a Cuba, uniéndose al doctor Jimenes Grullón, y en donde continuó con sus proyectos
de conferencias y producción poética. Pudo identificarse fácilmente con el pueblo cubano, pero se le descubrió el incipiente
cáncer mortífero, que le afectó su vitalidad y su producción poética.
Pronto tuvo que dejar Cuba, porque ocurrió la precipitada ruptura con su amante, el doctor Jimenes Grullón. Salió,
pues, de Cuba para irse nuevamente a Nueva York. Conoció allí al músico Armando Marín. Se casaron y se trasladaron a Washington.
En esta ciudad conoció brevemente al laureado poeta Juan Ramón Jiménez..
Volvió a Nueva York, pero su actividad literaria mermó mucho, debido a que, además del cáncer y de su inestabilidad
psíquica, se vio adicta al alcohol y, a consecuencia, se le desarrolló una fuerte cirrosis hepática. Todo ello la llevó a
una temprana muerte. En vista de su reputación y prestigio literarios, en 1987 el
Colegio Universitario de Humacao le otorgó el Doctorado Honoris Causa en Letras, "Post Mortem".
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Breve Selección de Poemas;
RÍO GRANDE DE LOÍZA
¡Río Grande de Loíza!... Alárgate en
mi espíritu y deja que mi alma se pierda en tus riachuelos, para buscar la fuente que te robó de niño y en un ímpetu
loco te devolvió al sendero.
Enróscate en mis labios y deja que te beba, para sentirte mío por un breve momento, y
esconderte del mundo, y en ti mismo esconderte, y oír voces de asombro, en la boca del viento.
Apéate un instante
del lomo de la tierra, y busca de mis ansias el íntimo secreto; confúndeme en el vuelo de mi ave fantasía, y déjame
una rosa de agua en mis ensueños.
¡Río Grande de Loíza!.. Mi manantial, mi río, desde que alzóse al mundo el pétalo
materno; contigo se bajaron desde las rudas cuestas a buscar nuevos surcos, mis pálidos anhelos; y mi niñez fue toda
un poema en el río, y un río en el poema de mis primeros sueños.
Llegó la adolescencia. Me sorprendió la vida prendida
en lo más ancho de tu viajar eterno; y fui tuya mil veces, y en un bello romance me despertaste el alma y me besaste
el cuerpo.
¿Adónde te llevaste las aguas que bañaron mis formas, en espiga del sol recién abierto? ¡Quién sabe
en qué remoto país mediterráneo algún fauno en la playa me estará poseyendo!
¡Quién sabe en qué aguacero de qué
tierra lejana me estaré derramando para abrir surcos nuevos; o si acaso, cansada de morder corazones, me estaré congelando
en cristales de hielo!
¡Río Grande de Loíza! Azul, Moreno, Rojo. Espejo azul, caído pedazo azul del cielo; desnuda
carne blanca que se te vuelve negra cada vez que la noche se te mete en el lecho; roja franja de sangre, cuando baja
la lluvia a torrentes su barro te vomitan los cerros.
Río hombre, pero hombre con pureza de río, porque das tu
azul alma cuando das tu azul beso. Muy señor río mío. Río hombre. Único hombre que ha besado en mi alma al besar en
mi cuerpo.
¡Río Grande de Loíza!... Río grande. Llanto grande. El más grande de todos nuestros llantos isleños, si
no fuera más grande el que de mi se sale por los ojos del alma para mi esclavo pueblo.
NOCHE
DE AMOR EN TRES CANTOS
I
Ocaso
¡Cómo suena en mi alma la idea de
una noche completa en tus brazos diluyéndome toda en caricias mientras tú te me das extasiado!
¡Qué infinito
el temblor de miradas que vendrá en la emoción del abrazo, y qué tierno el coloquio de besos que tendré estremecida
en tus labios!
¡Cómo sueño las horas azules que me esperan tendida a tu lado, sin más luz que la luz de tus ojos, sin
más lecho que aquel de tu brazo!
¡Cómo siento mi amor floreciendo en la mística voz de tu canto: notas tristes
y alegres y hondas que unirán mi emoción a tu rapto!
¡Oh la noche regada de estrellas que enviará desde todos
sus astros la más pura armonía de reflejos como ofrenda nupcial a mi tálamo!
II
Media
noche
Se ha callado la idea turbadora y me siento en el sí de tu abrazo, convertida en un sordo murmullo que se
interna en mi alma cantando.
Es la noche una cinta de estrellas que una a una a mi lecho han rodado; y es mi
vida algo así como un soplo ensartado de impulsos paganos.
Mis pequeñas palomas se salen de su nido de anhelos
extraños y caminan su forma tangible hacia el cielo ideal de sus manos.
Un temblor indeciso de trópico nos
penetra la alcoba. ¡Entre tanto, se han besado tu vida y mi vida... y las almas se van acercando!
¡Cómo siento
que estoy en tu carne cual espiga a la sombra del astro! ¡Cómo siento que llego a tu alma y que allá tú me estás
esperando!
Se han unido, mi amor, se han unido nuestras risas más blancas que el blanco, y ¡oh milagro! en la
luz de una lágrima se han besado tu llanto y mi llanto...
¡Cómo mueren las últimas millas que me ataban al tren
del pasado! ¡Qué frescura me mueve a quedarme en el alba que tú me has brindado!
III
Alba
¡Oh
la noche regada de estrellas que envió desde todos sus astros la más pura armonía de reflejos como ofrenda nupcial
a mi tálamo!
¡Cómo suena en mi alma la clara vibración pasional de mi amado, que se abrió todo en surcos inmensos donde
anduve mi amor, de su brazo!
La ternura de todos los surcos se ha quedado enredada en mis pasos, y los dulces
instantes vividos siguen, tenues, en mi alma soñando...
La emoción que brotó de su vida -que fue en mi manantial
desbordado- ha tomado la ruta del alba y ahora vuela por todos los prados.
Ya la noche se fue; queda el velo que
al recuerdo se enlaza, apretado, y nos mira en estrellas dormidas desde el cielo en nosotros rondando...
Ya la
noche se fue; y las nuevas emociones del alba se han atado. Todo sabe a canciones y a frutos, y hay un niño de amor
en mi mano.
Se ha quedado tu vida en mi vida como el alba se queda en los campos; y hay mil pájaros vivos en
mi alma de esta noche de amor en tres cantos...
VIAJE ALADO
Hoy me acerco a tu alma con las
manos amarillas de pájaros. La mirada corriendo por el cielo, y una leve llovizna entre mis labios.
Saltando
claridades he recogido el sol en los tejados, y una nube ligera que pasaba me prestó sus sandalias de aire blando.
La
tierra se ha colgado a mis sandalias y es un tren de emoción hasta tus brazos, donde las rosas sin querer se fueron unidas
a la ruta de mi canto.
La tragedia del mundo de mi senda de amor se ha separado, y hay un aire muy suave en cada
estrella removiéndome el polvo de los años.
Hasta mi cara en vuelo las cortinas del mar se me treparon, y
mis ojos se unieron a los ojos de todas las pupilas del espacio.
Anudando emociones sorprendí una sonrisa entre
mis manos caída desde el pájaro más vivo que se asomó a mirar mi viaje alado.
Por encima del ruido de los hombres una
larga ilusión se fue rodando, y dio a inclinar la sombra de mi mente en el rayo de luz de tu regazo.
Como corola
al viento, todo el cosmos abrióseme a mi paso, y se quedó en el pétalo más rosa de esta flor de ilusión que hasta
ti alargo...
CANCION
DESNUDA
Despierta de caricias, aún siento por mi cuerpo corriéndome tu abrazo. Estremecida y tenue sigo andando
en tu imagen. ¡Fue tan hondo de instintos mi sencillo reclamo!
De mi se huyeron horas de voluntad robusta, y
humilde de razones, mi sensación dejaron. Yo no supe de edades ni reflexiones yertas. ¡Yo fui la Vida, amado! La
vida que pasaba por el canto del ave y la arteria del árbol.
Otras notas más suaves pude haber descorrido, pero
mi anhelo fértil no conocía de atajos: me agarré a la hora loca, y mis hojas silvestres sobre ti se doblaron.
Me
solté a la pureza de un amor sin ropajes que cargaba mi vida de lo irreal a lo humano, y hube de verme toda en un grito
de lágrimas, ¡en recuerdo de pájaros!
Yo no supe guardarme de invencibles corrientes ¡Yo fui la Vida, amado! La
vida que en ti mismo descarriaba su rumbo para darse a mis brazos.
YO FUI LA MAS CALLADA
Yo fui
la más callada de todas las que hicieron el viaje hasta tu puerto.
No me anunciaron lúbricas ceremonias sociales, ni
las sordas campanas de ancestrales reflejos; mi ruta era la música salvaje de los pájaros que soltaba a los aires mi
bondad en revuelo.
No me cargaron buques pesados de opulencia, ni alfombras orientales apoyaron mi cuerpo; encima
de los buques mi rostro aparecía silbando en la redonda sencillez de los vientos.
No pesé la armonía de ambiciones
triviales que prometía tu mano colmada de destellos: sólo pesé en el suelo de mi espíritu ágil el trágico abandono
que ocultaba tu gesto.
Tu dualidad perenne la marcó mi sed ávida. Te parecías al mar, resonante y discreto. Sobre
ti fui pasando mis horarios perdidos. Sobre mi tú seguiste como el sol en los pétalos.
Y caminé en la brisa de tu
dolor caído con la tristeza ingenua de saberme en lo cierto: tu vida era un profundo batir de inquietas fuentes en
inmenso río blanco corriendo hacia el desierto.
EL RIVAL DE MI RIO
Yo te fui contemplando desde la carne al alma, y me sentí culpable de un extraño
delito que me subía a los ojos en chispeantes miradas, y se rompía en mi rostro en rubor infinito.
De pronto
fue tornándose en pájaro mi boca, y un sentimiento cósmico inundó mis sentidos; me escondí en el secreto que estalló
en tus pupilas, y adiviné en tu rostro al rival de mi río.
¡Río Grande de Loíza!... Alárgate en su vida. ¡Río
Grande de Loíza!... Alárgate en su espíritu, a ver si te descubres en la flor de su alma, o en el sol de sus ojos te
contemplas tu mismo.
El tiene en sus caricias el gesto de tu abrazo, y en sus palabras cuelgan rumores parecidos al
lenguaje que llevas en tu boca de agua desde el más quieto charco al más agreste risco.
Tú me besaste un día despertándome
el alma; él también me ha besado con un beso tan límpido, que no se allá en mi espíritu si posar extasiada en el
beso del hombre o en el beso del río.
¡Quién sabe si al vestirme con mi traje de carne, y al sentirte enroscado
a mi anhelo más intimo, surgiste a mi presencia en el río de sus ojos, para entregarte, humano, y sentirte más mío!
¡Quién
sabe si al bajarte del lomo de la tierra para besarme toda en un loco delirio, te humanizaste en su alma, y brotaste
en corrientes que una a una en mi tierra de emoción hizo nido!
¡Oh rival de mi río!... ¿De dónde me llegaste? ¿En
algún país remoto te bañaste conmigo mientras en otra playa, con alguna doncella se entregaba en amores mi voluptuoso
río?
¿Me sorprendiste acaso en algún aguacero violando claridades y callando suspiros, portavoz ambulante de
una raza de agua que me subió a las venas en un beso del río?
¡Río Grande de Loíza!... Yo lo fui contemplando desde
la carne al alma: ese fue mi delito. Un sentimiento cósmico estremeció mi vida, y me llego el amor... tu rival presentido.
EL
HOMBRE Y MI ALMA
¡Qué caricia larga de acción me sube por las venas anchas de recorrerme!
Me veo inmóvil
de carne esperando la lucha entre el hombre y mi alma, y me siento invencible, porque mi ahora es fuerte columna
de avanzada en la aurora que apunta, es grito de corazón vacío en la nave del mundo, es esfuerzo de ola tendido en
playa firme para arrasar calumnias de las conciencias rotas.
Entre el hombre y mi alma se ha cruzado la espada... (La
mente es una intérprete que traduce la fuerza en ideas que avanzan.)
De mi lado se bate la conciencia del hombre en
un sol de principios sobre el soy de las almas.
En la mano del hombre se defiende la hueca escultura de normas sobre
el tiempo moldeada.
Ha sonado la lucha... Y me siento intocada... Estoy sobre los siglos con fiereza de olas... ¡Nadie
palpe la sombra que mi impulso ahuyentara!
CANCIÓN DE MI SOMBRA MINÚSCULA
A veces la vida me quiere estallar en canciones de angustia inesperada!
Yo
quisiera quedarme en el secreto de mis penas punzantes como estrellas, pero mi alma no puede alcanzar el silencio del
poema sin palabras, y salta por mis labios hecha polvo de vibraciones íntimas.
Hay una sola puerta abierta en el
camino a donde va mi vida desconocida de sonrisas. Me echo a buscar su rastro, como si el cosmos se hubiese concentrado
en su energía y hasta ella fuese mi emoción hecha pedazos de mariposas destrozadas.
Mi emoción rueda ahora por
una de esas islas salvajes de dolor. Me he sentido llegar allí donde se mueren las canciones felices, y el dolor
se da cita con la pintura transparente del cielo.
Me duele aquella rosa prematura que se cayó en mis ojos herida
por los pétalos rosados; y la última mirada de una novia del aire que se murió de castidad al sentirse de carne para
el beso del hombre.
Sangra en el dolor del atardecer caído en mis espaldas la pena del crepúsculo que no volverá
a enamorar la margarita pálida del bosque.
Solloza de misterio en mi vuelo de nube una gota de lagrima que se
subió al espacio llevada por una espiga de rocío.
Todo el dolor que rueda en el instante abandonado viene a danzar
su ritmo en mi carne atormentada de ansiedad cósmica.
Y la emoción me estalla en canciones inútiles, dentro de
este espejismo de grandeza de donde parte, minúscula, mi sombra...
POEMA DE LA CITA ETERNA
Lo saben nuestras almas, más
allá de las islas y más allá del sol. El trópico, en sandalias de luz, presto las alas, y tu sueño y mi sueño se encendieron.
Se
hizo la cita al mar... tonada de mis islas, y hubo duelo de lirios estirando colinas, y hubo llanto de arroyos enloqueciendo
brisas, y hubo furia de estrellas desabriéndose heridas... Tú, y mi voz de los riscos, combatían mi vida.
Se
hizo al mar tu victoria, sobre palmas vencidas...
Fue paisaje en lo inmenso, una imagen de mar casi riachuelo, de
río regresando, de vida, de tan honda, atomizándose. Y se dio cita eterna la emoción.
El mar, el verdadero mar, casi
ya mío... el mar, el mar extraño en su propio recinto... el mar ya quiere ser el mar sobremarino...
El mar,
tonada entretenida de mis islas, por traerse una flor de la montaña, se trajo mi canción en un descuido, mi canción
más sencilla, la canción de mis sueños extendidos.
Sobre el mar, sobre el tiempo, la tonada, la vela... La
cita eterna, amado, más allá de los rostros de las islas que sueñan.
En el pecho del viento van diciendo los lirios, que
en el pecho del mar dos auroras se besan.
PROA DE MI VELERO DE ANSIEDAD
¡Si fuera todo mar, para nunca salirme de tu senda!
¡Si Dios
me hiciera viento, para siempre encontrarme por tus velas!
¡Si el universo acelerara el paso, para romper los
ecos de esta ausencia!
Cuando regreses, rodará en mi rostro la enternecida claridad que sueñas. Para mirarte,
amado, en mis ojos hay público de estrellas.
Cuando me tomes, trémulo, habrá lirios naciendo por mi tierra, y
algún niño dormido de caricia en cada nido azul que te detenga.
Nuestras almas, como ávidas gaviotas, se tenderán
al viento de la entrega, y yo, fuente de olas, te haré cósmico... ¡Hay tanto mar nadando en mis estrellas!
Recogeremos
albas infinitas, las que duermen al astro en la palmera, las que prenden el trino en las alondras y levantan el sueño
de las selvas.
En cada alba desharemos juntos este poema exaltado de la espera, y detendremos de emoción al mundo al
regalo nupcial de auroras nuestras.
NO HAY ABANDONO
Se ha muerto la tiniebla en
mis pupilas, desde que hallé tu corazón en la ventana de mi rostro enfermo.
¡Oh pájaro de amor, que trinas
hondo, como un clarín total y solitario en la voz de mi pecho! No hay abandono... ni habrá miedo jamás en mi sonrisa.
¡Oh
pájaro de amor, que vas nadando cielo en mi tristeza...! Más allá de tus ojos mis crepúsculos sueñan bañarse en tus
luces...
¿Es azul el misterio?
Asomada en mi misma contemplo mi rescate, que me vuelve a la vida en tu destello...
CASI ALBA
Casi alba, como
decir arroyo entre la fuente, como decir estrella, como decir paloma en cielo de alas.
Esta noche se ha ido casi
aurora, casi ronda de luna entre montañas, como una sensación de golondrina al picar su ilusión en una rama.
Amanecer,
sin alas para huirse, regreso de emoción hasta su alma, palomitas de amor entre mis manos que al asalto de amor subieron
castas.
Noche rasgada al tiempo repetido, detenida ciudad de esencias altas, como una claridad rompes mi espíritu, circundas
mi emoción como una jaula.
Amor callado y lejos... tímida vocecita de una dalia, así te quiero, íntimo, sin
saberte las puertas al mañana, casi sonrisa abierta entre las risas, entre juego de luces, casi alba...
DONDE COMIENZAS TÚ
Soy
ola de abandono, derribada, tendida, sobre un inmenso azul de sueños y de alas.
Tú danzas por el agua redonda
de mis ojos con la canción más fresca colgando de tus labios. ¡No la sueltes, que el viento todavía azota fuerte por
mis brazos mojados, y no quiero perderte ni en la sílaba!
Yo fui un día la gaviota más ave de tu vida. (Mis pasos
fueron siempre enigma de los pájaros.)
Yo fui un día la más honda de tus edades íntimas (El universo entero cruzaba
por mis manos.)
¡Oh día de sueño y ola...! Nuestras dos juventudes hacia el viento estallaron.
Y pasó la
mañana, y pasó la agonía de la tarde muriéndose en el fondo de un lirio, y pasó la alba noche resbalando en los astros, y
pasó la extasiada juventud de la aurora exhibiéndose en pétalos y paso mi letargo...
Recuerdo que al mirarme
con la voz derrotada, las dos manos del cielo me cerraron los párpados.
Fue tan sólo una ráfaga, una ráfaga húmeda
que corto mi sonrisa me izó en los crepúsculos entre caras de espanto.
Tú nadabas mis olas retardadas e inútiles, por
poco me parto de dolor esperando...
Pero llegaste, fértil, más intacto y más blanco. me llevaste, épico, venciéndote
en ti mismo los caminos cerrados.
Hoy anda mi caricia derribada, tendida, sobre un inmenso azul de sueños con
mañana.
Soy ola de abandono, tus playas ya saltan certeras, por mis lágrimas.
¡Amante, la ternura desgaja
mis sentidos... o misma soy un sueño remando por tus aguas!
VELAS SOBRE UN RECUERDO
Todo estático, menos la sangre
mía, y la voz mía, y el recuerdo volando.
Todo el lecho es un cántico de fuego echando a andar las ondas del
reclamo. La misma pared siente que ha bajado a llamarte entre mis labios.
¡Qué grandioso el silencio de mis dedos cuando
toman el verso de los astros, que se cuelan en rápidas guirnaldas para esculpirte en luces por mis brazos!
Va
gritando tu nombre entre mis ojos, el mismo mar inquieto y constelado. Las olas más infantes te pronuncian, al girar
por mis párpados mojados.
Todo es ágil ternura por mi lecho, entre cielos y ecos conturbados. Con tu sendero
vivo en mi flor íntima, he movido lo estático....
ES UN ALGO DE SOMBRA
Como si entre mis pasos se paseara
la muerte desde el cielo me miran consternados los astros.
Algo esconde paisajes a mis ojos de sueño. Algo llueve
en mi rostro las corolas del llanto.
Algo flota en mi espíritu por encima de tu alma, algo grave y doliente que
destroza mis párpados.
¿Definirlo? Las rosas de mi amor se conmueven, y no encuentran la nota de la pena en sus
labios.
La palabra no puede con mi carga de angustia, y no cabe en mi verso mi dolor exaltado.
Es un algo
de sombra desnutriendo mi vuelo, un temor de ser poca a la sed de tus brazos,
de perderte una noche desde todas
mis alas, sin un surco en la frente ni un adiós en las manos.
¡Oh la sed infinita de estrecharte y asirte, de
escuchar que en tu vida soy montaña y soy llano,
que si agreste, sintieras un anhelo de selva, bastaríante los riscos
que contienen mis pasos,
que si a tus velas frágiles las destrozara el viento detendrías tu naufragio en mis lirios
mojados,
y si aún fuese la tierra poca senda a tus ansias, en mi verso de espumas hallarías tu barco!
¡Oh
la sed infinita! ¡0h el temor de perderte! ¡Oh mis ojos, cubridme, rescatadme del llanto!
¡Contempladlo! En sus
labios mis sonrisas se baten, y aún habita en su rostro mi recuerdo más casto.
Ved la huella de estrellas que le
enciende la frente, son las mismas, las mutuas estrellitas de antaño.
¡Perseguidlo! Aún es mío, aún las notas unidas de
su voz y mi poema aletean el espacio.
Aún recorre las nubes recogiendo mis lágrimas, por quitarle a mi río la ilusión
de mi llanto.
Aún se duerme en la noche sobre todas mis risas, constelando su sueño con mis trinos cerrados.
¡Oh
mis ojos! Cerradle los caminos inciertos, que en las rutas perdidas lo conduzcan mis pájaros.
POEMA DE LA
INTIMA AGONIA
Este corazón mío, tan abierto y tan simple, es ya casi una fuente debajo de mi llanto.
Es
un dolor sentado más allá de la muerte. Un dolor esperando... esperando... esperando...
Todas las horas pasan con
la muerte en los hombros. Yo sola sigo quieta con mi sombra en los brazos.
No me cesa en los ojos de golpear el
crepúsculo, ni me tumba la vida como un árbol cansado.
Este corazón mío, que ni él mismo se oye, que ni él mismo
se siente de tan mudo y tan largo.
¡Cuántas veces lo he visto por las sendas inútiles recogiendo espejismos, como
un lago estrellado!
Es un dolor sentado más allá de la muerte, dolor hecho de espigas y sueños desbandados.
Creyéndome
gaviota, verme partido el vuelo, dándome a las estrellas, encontrarme en los charcos.
¡Yo que siempre creí desnudarme
la angustia con solo echar mi alma a girar con los astros!
¡Oh mi dolor, sentado más allá de la muerte! ¡Este
corazón mío, tan abierto y tan largo!
ENTRETANTO, LA OLA
Las sombras se han echado a dormir sobre mi soledad.
Mis cielos, víctimas
de invasoras constelaciones ebrias, se han desterrado al suelo como en bandadas muertas de pájaros cansados.
Mis
puertos inocentes se van segando al mar, y ni un barco ni un río me carga la distancia.
Sola, desenfrenada en tierra
de sombra y de silencio. Sola, partiéndome las manos con el deseo marchito de edificar palomas con mis últimas alas.
Sola, entre
mis calles húmedas, donde las ruinas corren como muertos turbados.
Soy agotada y turbia espiga de abandono. Soy
desolada y lloro...
¡Oh este sentirse el alma más eco que canción! ¡Oh el temblor espumado del sueño a media aurora ¡Oh
inútilmente larga la soledad siguiendo mi ca-mino sin sol!
Entretanto, la ola, amontonando ruidos sobre mi corazón. Mi
corazón no sabe de playa sin naufragios. Mi corazón no tiene casi ya corazón. Todo lo ha dado, todo... Es gesto casi
exacto a la entrega de Dios.
Entretanto, la ola... Todo el musgo del tiempo corrompido en un éxtasis de tormenta
y de azote sobre mi ancho dolor. Tronchadas margaritas soltando sus cadáveres por la senda partida donde muero sin flor. Pechos
míos con lutos de emoción, aves naufragas arrojadas del cielo, mutiladas, sin voz.
Todo el mundo en mi rostro, y
yo arrastrada y sola, matándome yo misma la última ilusión.
Soy derrotada... Alba tanto distante, que hasta
mi propia sombra con su sombra se ahuyenta.
Soy diluvio de duelos, toda un atormentado desenfreno de lluvia, un
lento agonizar entre espadas perpetuas. ¡Oh intemperie de mi alma! ¡En qué ola sin nombre callaré tu poema!
YA NO ES MÍO MI AMOR
Si
mi amor es así, como un torrente, como un río crecido en plena tempestad, como un lirio prendiendo raíces en el viento, como
una lluvia íntima, sin nubes y sin mar...
Si mi amor es de agua, ¿por qué a rumbos inmóviles lo pretenden atar?
Si
mi amor rompe suelos, disuelve la distancia como la claridad, ataja mariposas al igual que luceros, y cabalga horizontes
como cruza un rosal...
Si el universo es átomo siguiéndome las alas, ¿por qué medirme el trino cuando rompe a cantar?
Si
mi amor ya no es mío, es yo misma borrando las riberas del mar, yo inevitablemente y fatalmente mía, germinándome
el alma en mis albas de paz...
Si mi amor ya no roza fronteras con mi espíritu, ¡qué canción sin su vida puede ser
en mi faz?
¡Si mi amor ya no es mío! Es tonada de espumas en los labios del mar...
DADME MI NÚMERO
¿Qué
es lo que esperan? ¿No me llaman? ¿Me han olvidado entre las yerbas, mis camaradas más sencillos, todos los muertos
de la tierra?
¿Por qué no suenan sus campanas? Ya para el salto estoy dispuesta. ¿Acaso quieren más cadáveres de
sueños muertos de inocencia?
¿Acaso quieren más escombros de más goteadas primaveras, más ojos secos en las nubes, más
rostro herido en las tormentas?
¿Quieren el féretro del viento agazapado entre mis greñas? ¿Quieren el ansia
del arroyo, muerta en mi mente de poeta?
¿Quieren el sol desmantelado, ya consumido en mis arterias? ¿Quieren
la sombra de mi sombra, donde no quede ni una estrella?
Casi no puedo con el mundo que azota entero mi conciencia...
¡Dadme
mi número! No quiero que hasta el amor se me desprenda... (Unido sueño que me sigue como a mis pasos va la huella.)
¡Dadme
mi número, porque si no, me moriré después de muerta!
¡OH LENTITUD DEL MAR!
He tenido que dar,
multiplicarme, despedazarme en órbitas complejas... Aquí en la intimidad, conmigo misma, ¡qué sencillez me rompe
la conciencia!
Para salvarme el mundo del espíritu, he tenido que armar mis manos quietas, ¡cómo anhelo la paz,
la hora sin ruido, cuando nada conturbe mi existencia!
Todo sonar se ha muerto en mis pupilas, a mis ojos no
inquietan las estrellas, los caminos son libres de mi rumbo, y hasta el nombre del mar, sorda me deja.
¡Y aún
me piden canciones por palabras, no conciben mi pulso sin poemas, en mi andar buscan, trémulos, los astros, como
si yo no fuese por la tierra!
¡Oh lentitud del mar! ¡Oh el paso breve con que la muerte avanza a mi ala muerta! ¿Cómo
haría yo para salvarte el tiempo? ¿Qué me queda del mundo? ¿Que me queda...?
¡OH MAR, NO ESPERES MAS!
Tengo caído el sueño y la voz
suspendida de mariposas muertas. El corazón me sube amontonado y solo a derrotar auroras en mis párpados.
Perdida
va mi risa por la ciudad del viento más triste y devastada. Mi sed camina en ríos agotados y turbios, rota y despedazándose.
Amapolas
de luz, mis manos fueron fértiles tentaciones de incendio. Hoy, cenizas me tumban para el nido distante.
¡Oh
mar, no esperes más! Casi voy por la vida como gruta de escombros. Ya ni el mismo silencio se detiene en mi nombre. Inútilmente
estiro mi camino sin luces. Como muertos sin sitio se sublevan mis voces.
¡Oh mar, no esperes más! Déjame amar
tus brazos con la misma agonía con que un día nací. Dame tu pecho azul, y seremos por siempre el corazón del llanto...
POEMA PARA LAS LÁGRIMAS
Corno cuando se abrieron por tus sueños mis párpados, rota
y cansadamente, acoge mi partida.
Como si me tuvieras nadando entre tus brazos, donde las aguas corren dementes
y perdidas.
Igual que cuando amaste mis ensueños inútiles, apasionadamente, despídeme en la orilla...
Me
voy como vinieron a tus vuelos mis pájaros, callada y mansamente, a reposar heridas.
Ya nada más detiene mis ojos
en la nube... Se alzaron por alzarte, y ¡qué inmensa caída!
Sobre mi pecho saltan cadáveres de estrellas que
por ríos y por montes te robé, enternecida.
Todo fue mi universo unas olas volando, y mi alma una vela conduciendo
tu vida...
Todo fue mar de espumas por mi ingenuo horizonte... Por tu vida fue todo, una duda escondida.
¡Y
saber que mis sueños jamás solos salieron por los prados azules a pintar margaritas!
¡Y sentir que no tuve otra
voz que su espíritu! ¡Y pensar que yo nunca sonreí sin su risa!
¡Nada más! En mis dedos se suicidan las aves, y
mis pasos cansados ya no nacen espigas.
Me voy como vinieron a tu techo mis cielos... fatal y quedamente, a quedarme
dormida...
Como el descanso tibio del más simple crepúsculo, naturalmente trágico, magistralmente herida.
Adiós.
Rézame versos en las noches muy largas.. En mi pecho sin lumbre ya no cabe la vida...
TE LLEVARÁN
Para
ese día de sombra que llegará, amor mío, no risco volcado dentro de un manantial, ese día de espanto y pañuelos al viento catemos
desde ahora, que la vida se va.
Cantemos, sí, cantemos, que al cantarle al silencio, a la sorda derrota y a la impar
soledad, venceremos la muerte, venceremos la nada, y a la cumbre del tiempo nuestras almas irán.
Cantemos, si,
cantemos, que hay un solo minuto uno sólo aguardando nuestro mundo cruzar: ese minuto trágico que hace tiempo nos ronda su
oferta de lágrimas y mañanas sin paz.
¡Te llevarán! Los ecos del viento me lo dicen, los labios del mar lloran que
sí. ¡Te llevarán! Partirás, y mis ojos que tanto te nutrieron, bajarán quedamente a nutrir a la mar.
Podrás amarme
en sueños, pero mi voz, mi risa, ojos con riachuelos, de ti se ocultarán. Puede estrecharte el eco que ha estrechado
mi nombre desde mis labios, ¡nunca mis labios besarás!
Y cuando se alce el ruido marino, entre las noches apagadas
y crueles de tu pena inmortal, mi fiel camino de olas llevará hasta tu sueño la ternura que mi alma te ha salvado del
mar.
Amado, mis verdugos ya me han medido el paso, el color de mis huellas conocen, y mi ajuar: el pudor duerme
nupcias eternas con la forma; hacia el alma es muy largo el camino que andar.
¡Te llevarán! Para esa eternidad de
llanto cantemos desde ahora que la vida se va. Para ese día de espanto y pañuelos al viento la canción de la muerte
nos llegara del mar.
A JULIA DE BURGOS
Ya las gentes murmuran que yo soy tu enemiga porque
dicen que en verso doy al mundo mi yo. Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de burgos. La que se alza en mis versos
no es tu voz: es mi voz porque tú eres ropaje y la esencia soy yo; y el más profundo abismo se tiende entre las dos. Tú
eres fria muñeca de mentira social, y yo, viril destello de la humana verdad. Tú, miel de cortesana hipocresías; yo
no; que en todos mis poemas desnudo el corazón. Tú eres como tu mundo, egoísta; yo no; que en todo me lo juego a
ser lo que soy yo. Tú eres sólo la grave señora señorona; yo no, yo soy la vida, la fuerza, la mujer. Tú eres de
tu marido, de tu amo; yo no; yo de nadie, o de todos, porque a todos, a todos en mi limpio sentir y en mi pensar me
doy. Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no; a mí me riza el viento, a mí me pinta el sol. Tú eres dama casera, resignada,
sumisa, atada a los prejuicios de los hombres; yo no; que yo soy Rocinante corriendo desbocado olfateando horizontes
de justicia de Dios. Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan; en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes,
el cura, el modista, el teatro, el casino, el auto, las alhajas, el banquete, el champán, el cielo y el infierno,
y el que dirán social. En mí no, que en mí manda mi solo corazón, mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo. Tú,
flor de aristocracia; y yo, la flor del pueblo. Tú en ti lo tienes todo y a todos se lo debes, mientras que yo, mi nada
a nadie se la debo. Tú, clavada al estático dividendo ancestral, y yo, un uno en la cifra del divisor social somos
el duelo a muerte que se acerca fatal. Cuando las multitudes corran alborotadas dejando atrás cenizas de injusticias quemadas,
y cuando con la tea de las siete virtudes, tras los siete pecados, corran las multitudes, contra ti, y contra todo lo
injusto y lo inhumano, yo iré en medio de ellas con la tea en la mano.
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